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viernes, 8 de julio de 2016

1ª Promoción en Sevilla:Solitaria oreja para Antonio Medina en la mansada de Aguadulce

Menos mal que el empresario de Sevilla estaba en Pamplona, y se evitó ver el bochornoso juego de los novillos de Aguadulce que ayer eran lidiados por una terna joven, con ilusiones todas, pero poco o nada pudieron hacer para arreglar su temporada. Sólo Antonio Medina, de Badajoz, pudo cortar un trofeo en el último de la tarde, tras porfiar y poner muchas ganas delante de un novillo muy complicado. No fue una novillada fácil, y pro supuesto ni de garantias para calibrar a los novilleros en su plenitud. Ya ponerse delante de esos mansos, descastados y nulos de raza era de mérito gordo. Algo más de media plaza, en noche agradable.
Pedro Aguilar «El Jareño» tuvo en suerte un primer novillo, que le faltó raza y condición de bravo, y tuvo un peligro más que evidente. Faena de altibajos, de cogidas sin consecuencias y poco más.  
Con el cuarto, recibió al novillo con cierta clase con el capote, pero a partir de ahí todo quedó en mucha voluntad, en una faena tímida, por la condición del animal, y por el escaso oficio del novillero. 
El sevillano Fernando del Rocío, recibió con alegría con el capote a su primero. Algo verde en sus formas, le gusta interpretar el toreo moderno,  ante un animal que le costaba un mundo humillar. Tampoco le faltó voluntad ante un animal desrazado.
A chiqueros se fue para recibir al quinto, y ajustado fue el encuentro. Después, ante otro novillo muy complicado, las volteretas se sucedieron, y el ánimo del torero a decaer. Como decía aquel, «todo para nada».   
Antonio Medina recibió con el capote con mucho gusto a su primero. Mucha voluntad también para atemperar las escasas embestidas potables del animal. Faena de altibajos sentimentales ante la escasa, por no decir nula, clase de su oponente.
Con el que cerraba plaza, un novillo orientado y peligroso, estuvo entregado y dispuesto a soportar las palizas que recibió. Lidia de novillero antiguo, con pases firmes, algunos atropellando la razón, que tras una estocada algo desprendida, le fue concedida una oreja, premio a la constancia y voluntad.

Foto: Arjona
 
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