Llegábamos al final de esta triste Feria de Abril, y charlábamos antes de comenzar la corrida con amigos, abonados y aficionados que debe ser ahora un tiempo de reflexión, análisis y reuniones para adoptar criterios, sérios y coherentes, de lo que la afición de Sevilla quiere para su ciudad. Lo que ha quedado demostrado - con personas preclaras y libres de ataduras - de esa conversación de 15 minutos es que es hora de hacer algo, a través de asociaciones que apuesten por el dialogo, por tertulias o peñas donde se debatan aspectos de la gestión y promoción de la fiesta, y al fin al cabo, todo ello con los sectores taurinos de la ciudad en la que se de un golpe en la mesa - y de efecto - para que no vuelva a pasar lo de este año. Malas sensaciones donde, además, no ha habido un triunfador absoluto y dominante en esta Feria de 2014. Que cada uno saque sus conclusiones. Hoy 3/4 del aforo cubierto. La noticia es que no se ha llenado ni un sólo día.
Para epilogar la feria se ha lidiado un encierro bien presentado en términos generales de Victorino Martín, que ha tenido un juego desigual, y donde ha destacado, 1º, 4º, y 5º, éstos últimos aplaudidos en el arrastre, y con diferentes matices, porque a decir verdad, en el caballo se han empleado muy poco.
Antonio Ferrera pechó con un primero reservón y bronco en la embestida que no tuvo mucha codicia en el caballo y que en la muleta esperaba mucho. Lo más vibrante vino en el tercio de banderillas donde el extremeño ejecutó magistralmente dicha suerte especialmente en dos pares de poder a poder. Silenciada su labor.
Manuel Jesús "El Cid" recibió suavemente con el capote a su primero al que mandó con celo hasta los medios. Apretó en el caballo en dos castigos fuertes y se le dio algún que otro capota o de más. No tuvo transmisión en el último tercio, y "El Cid" con prisas y sin ajustes tampoco atacó. Silencio maestrante.
Iván Fandiño tampoco pudo lucirse en el capote ante un toro que buscaba la querencia a tabla desde que salió. Mansito y sin raza se dedicó toda la lidia a defenderse. En el caballo tuvo fijeza pero sin emplearse como bravo. Un toro sin emoción y sin la raza suficiente. Con la espada el bilbaíno tampoco tuvo su día.
En el sexto, y con la tarde ya aplomada, le tocó en suerte un toro falta de raza, que no terminó de romper. Manso de salida en capotes, sin una gran pelea en el caballo, en la muleta Iván Fandiño tampoco apretó. Quiso agradar brindando al público un animal que topaba en la muleta y que cuando quería ligar el toro derrotaba en cada pase para intentar quitarse los engaños. Otro silencio, en el toro que cerraba la feria.
Fotos. Pérez@larcón