Hacia tiempo que los aficionados y la prensa discutían
- y andan discutiendo - sobre el porcentaje de abonados que tenia la feria, y sí
con la ausencia de figuras, iba a tener la plaza de Sevilla el aforo de otros
años. Y la incógnita se ha despejado muy pronto, nada más entrar a mi localidad
y ver que existían más de 3/4 de aforo, - con alguna calva significativa en los
tendidos de sombra -, pero que a decir verdad, no supone una retirada del
aficionado y público de la Maestranza, por lo menos para este Domingo de
Resurrección, ya que con la entrada reflejada, y con la visita de la anunciada
lluvia, podemos decir que quien ha ganado hoy ha sido la empresa Pagés, pues ha
debido ganar dinero en taquilla, respecto a otros años que no ganaban nada (al
menos eso decían). Ya que la cartelería de este año no es para tirar
cohetes, al menos la gente sigue yendo a los toros. Yo nada más que por
eso me alegro.
De la primera de abono podemos decir poco. Y es que se ha lidiado un encierro de Miura, de correcta presentación, y que en términos generales le ha faltado trasmisión y raza, y en algunos ejemplares incluso la fuerza.
Manuel Escribano hacia el paseíllo como triunfador de la feria pasada. Se fue a recibir a sus tres toros en el medio de la plaza de rodillas, y su compromiso era intentar agradar en todo momento.
Con el primero, tras ese recibimiento, lo saludó con el capote de forma discreta. Se le midió con sensatez en el caballo y eficaz doma y ejecución de Domingo Garcia "Jabato" en la suerte de varas. En banderillas estuvo cumplidor y entregado sin que su ejecución fuese ortodoxa. En la muleta el toro desarrolló algo de sentido y al tercer muletazo para empezar a lugar el animal hacia hilo y acortar embestidas. Firme estuvo el torero que a base de tesón y corazón templó embestidas con la derecha porque con la izquierda fue imposible.
Escribano volvió a repetir guión y casi no lo cuenta. Busco al diestro en la larga cambiada y le dio un palizón en el suelo que provoco el pánico en el tendido. En el caballo se empleó con cierta nobleza y condición. En banderillas se vibró con la raza de escribano destacando el segundo para de dentro a fuera y el violín al quiebro. En la muleta llego rajado y sin raza y no permitió el lucimiento del espada.
En el quinto volvió a los medios para enjaretarle una larga que tuvo mérito. En el caballo manseó y demostró poca acometividad. En banderillas volvió a tirar de efectos y valor con un par al quiebro pegado a tablas que tuvo más de arrojo que de virtud lidiadora. En la muleta llego justo de raza y sólo la voluntad y el estoconazo de Escribano justificaron la cerrada ovación que le dieron al finalizar la lidia y muerte del animal.
Daniel Luque recibió con efectiva lidia al segundo de la tarde. Un toro bajo de hechuras que perdió las manos tras su encuentro con el caballo. Toro noble pero débil que tuvo unas vibrantes primeras tandas pero se fue apagando a medida que y que Luque a lo mejor no comprendió en su totalidad, ya que cuando le exigía, el toro protestaba y el torero aminoraba su posición de ataque. Se apagó pronto y todo perdió intensidad. Tras una estocada trasera fue silenciada su labor.
Salió el cuarto con el inicio del diluvio y con un marcado debilitamiento de sus cuartos inferiores. Otro toro bajo, bien hecho, algo descarado de cara que no tuvo tampoco buena condición en la muleta, ni tampoco Luque – algo vulgar - ofreció claras alternativas para que la lidia tuviera mayor contundencia.
En el último de la tarde, con el Miura más fuerte de la corrida, que apretó en el caballo y empujó con cierta codicia. Se pudo ver dos pares sensacionales de Curro Robles y un discreto quite del sobresaliente Fernández Pineda. Luque no anduvo decidido con la muleta ante un toro que pedía sacrificios. Espesura y frialdad en el ambiente con algún arrebato de valor que no cambió la historia de esta primera de abono, que tuvo como protagonista a la lluvia durante la mitad del espectáculo.
Foto: Pérez@larcón
De la primera de abono podemos decir poco. Y es que se ha lidiado un encierro de Miura, de correcta presentación, y que en términos generales le ha faltado trasmisión y raza, y en algunos ejemplares incluso la fuerza.
Manuel Escribano hacia el paseíllo como triunfador de la feria pasada. Se fue a recibir a sus tres toros en el medio de la plaza de rodillas, y su compromiso era intentar agradar en todo momento.
Con el primero, tras ese recibimiento, lo saludó con el capote de forma discreta. Se le midió con sensatez en el caballo y eficaz doma y ejecución de Domingo Garcia "Jabato" en la suerte de varas. En banderillas estuvo cumplidor y entregado sin que su ejecución fuese ortodoxa. En la muleta el toro desarrolló algo de sentido y al tercer muletazo para empezar a lugar el animal hacia hilo y acortar embestidas. Firme estuvo el torero que a base de tesón y corazón templó embestidas con la derecha porque con la izquierda fue imposible.
Escribano volvió a repetir guión y casi no lo cuenta. Busco al diestro en la larga cambiada y le dio un palizón en el suelo que provoco el pánico en el tendido. En el caballo se empleó con cierta nobleza y condición. En banderillas se vibró con la raza de escribano destacando el segundo para de dentro a fuera y el violín al quiebro. En la muleta llego rajado y sin raza y no permitió el lucimiento del espada.
En el quinto volvió a los medios para enjaretarle una larga que tuvo mérito. En el caballo manseó y demostró poca acometividad. En banderillas volvió a tirar de efectos y valor con un par al quiebro pegado a tablas que tuvo más de arrojo que de virtud lidiadora. En la muleta llego justo de raza y sólo la voluntad y el estoconazo de Escribano justificaron la cerrada ovación que le dieron al finalizar la lidia y muerte del animal.
Daniel Luque recibió con efectiva lidia al segundo de la tarde. Un toro bajo de hechuras que perdió las manos tras su encuentro con el caballo. Toro noble pero débil que tuvo unas vibrantes primeras tandas pero se fue apagando a medida que y que Luque a lo mejor no comprendió en su totalidad, ya que cuando le exigía, el toro protestaba y el torero aminoraba su posición de ataque. Se apagó pronto y todo perdió intensidad. Tras una estocada trasera fue silenciada su labor.
Salió el cuarto con el inicio del diluvio y con un marcado debilitamiento de sus cuartos inferiores. Otro toro bajo, bien hecho, algo descarado de cara que no tuvo tampoco buena condición en la muleta, ni tampoco Luque – algo vulgar - ofreció claras alternativas para que la lidia tuviera mayor contundencia.
En el último de la tarde, con el Miura más fuerte de la corrida, que apretó en el caballo y empujó con cierta codicia. Se pudo ver dos pares sensacionales de Curro Robles y un discreto quite del sobresaliente Fernández Pineda. Luque no anduvo decidido con la muleta ante un toro que pedía sacrificios. Espesura y frialdad en el ambiente con algún arrebato de valor que no cambió la historia de esta primera de abono, que tuvo como protagonista a la lluvia durante la mitad del espectáculo.
Foto: Pérez@larcón

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