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sábado, 24 de mayo de 2014

De cataclismos e indulgencias

Han pasado los días y el tiempo suficiente para que me haya motivado a escribir sobre la pasada Feria de Abril, ya que no lo he hecho antes por la espesa y anodina calma que viene después de todo desastre. Y es que está último adjetivo describe la sensación que para este aficionado ha tenido el abono de Sevilla. Un auténtico desastre, de mayúsculas consecuencias para la tradición taurina en Sevilla, y para el aficionado continuo en el abono. Que ninguna tarde se haya puesto el ansiado cartel de «No hay Billetes» supone realizar un análisis coherente y constructivo. Y más aún reflexivo en aquellas personas o sociedades responsables de tan magno «suicidio sentimental» en el epicentro taurino español. Ni España, ni Andalucía, ni Sevilla, se merecían qué,  unos toreros y una empresa muy torpe, hayan "apuñalado" a una de las ciudades, y aficiones más comprometidas con la fiesta de los toros. 
Dejando al lado balances y buenos resultados artísticos – pocos, pero los hubo,como el de Antonio Ferrera, y tres o cuatro toros “potables” - hay que empezar a desarrollar el sendero del futuro, pero sin “palabrerías” y reuniones secretas o a destiempo, sino con hechos u actos concretos. La sociedad civil taurina de Sevilla debe reflexionar sobre el modelo de gestión de la plaza de toros, la implicación de las diferentes Administraciones en el desarrollo o promoción cultural de un espectáculo, las posibles iniciativas privadas en una posible implicación en un hipotétivo I+D+I de la fiesta, y sobre aquellas propuestas que los diferentes sectores (peñas, tertulias, asociaciones, etc.) pueden proponer para que este descalabro no se vuelva a producir. Algunas asociaciones así lo han comunicado y puede ser interesante. Veremos si cuajan esas ideas.
Dentro de la espesa y tensa feria con el aforo visto en la plaza, he de reconocer que al menos no ha sido tan fatalista como se esperaba, si bien es verdad que coste/rentabilidad y/o /oferta/demanda no ha producido ninguna tarde el punto de equilibrio óptimo, hay que decir – en términos contables - que a la empresa de Sevilla ha tenido cierta posición de «vaciamiento de mercado», ya que la poca demanda que ha habido ha culminado con que un producto se ha vendido con la idea de cubrir algo más que los costes de producción, o al menos esa ha sido la sensación que he podido percibir como cliente de la pasada feria, y a tenor de lo anunciado o programado.
Una feria que al menos en su planteamiento no se puede volver a repetir, pues de así suceder, se podría iniciar un modelo de gestión parecido a otras plazas de toros, en la que la inercia de las “figuras” por no acudir a esos recintos, e infravalorar las consecuencias, provocaron que se diesen carteles “modestos”, o en fechas muy señaladas, y cuando quisieron darse cuenta, resulta que el público y la afición se aburrió de acudir a verlos, y la empresa a no dar toros. Eso no va a pasar en Sevilla, y espero como aficionado, que los responsables directos en esta cuestión anden preocupados en que todo se arregle, y se hable, se analice, y que el año que viene vuelva alumbrar una carcelería acorde con la afición de Sevilla. Un buen aficionado, e influyente en la ciudad, me comunicaba el otro día, la pretensión de alguna «figura del exilio» – llamesé G-5 - de ponerse en contacto con la empresa de la calle Adriano para solucionar los “malos olores” de esta Feria, para ponerse a disposición en ayudar al reclamo de los “exiliados abonados” y a final de temporada preparar alguna sorpresa para cerrar la temporada, y crear ambiente para 2015. No es mala idea para que renazca la ilusión, pero sobre todo ello implicaría que todos los sectores – incluso los que lo han provocado – están preocupados con la mala imagen de este año. 
Decía Oscar Wilde: «Perdona siempre a tu enemigo. No hay nada que le enfurezca más»; las partes se sentirán enfurecidas, pero la afición y la tauromaquia podrán beneficiarse de un espectáculo singular y mágico, en una ciudad donde este año ha brillado por su ausencia muchos de esos elementos en comparación con años pasados.

Foto: Pérez@larcón
 

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