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domingo, 27 de noviembre de 2011

La esencia del apoderado


Manolo Vazquez (Apoderado) y Rafael
Torres (Poderdante)

La Real Academia Española de la Lengua atribuye el significado de apoderado a una persona «que tiene poderes de otra para representarla y proceder en su nombre», por lo que de forma jurídica, hoy en día todos podiamos ser apoderados, porque, familiarmente o laboralmente, hemos relacionado alguna gestión con ese título.
Yo por supuesto me refiero a otra clase de apoderado, a otra clase de persona, que contribuye con su efecto y poder, a «poner en valor» a un torero, o a sensu contrario, a llevarlo por un camino equivocado.
En la historia de la Tauromaquia han existido – y existirán – ambos casos, pero es desde la perspectiva del tiempo, cuando uno reflexiona sobre su dimensión o papel en la fiesta. Quizás este humilde aficionado piensa que la figura actual del apoderado se limita a representar a ese torero durante los meses de octubre a enero, - en el caso de las figuras – que es cuando se realizan los contratos, siendo el resto del año un mero tramite de acompañamiento para disfrute del personal, a la expectativa de que esos contratos del mes de enero “coticen” en el mes de abril o mayo, según el esfuerzo y suerte del torero.
Hoy esta todo sobredimensionado, y a cualquier persona del entorno del torero le llamamos “apoderado” o “persona que le ayuda”. Oiga Usted, no es lo mismo ser aquello que un gran apoderado, en el sentido literal de la acepción que utiliza la RAE.
En la fiesta hay algo que se está perdiendo, y es la figura del apoderado, y es lo que reivindico en este artículo; su presencia, equilibrio, sabiduría y por supuesto su señorio eran elementos esenciales para comprender la carrera de un matador o novillero, y ese binomio apoderado-matador han marcado una época en el toreo. Con muchos matices en cada relación, podemos citar; Manolete-Camara, Camino-Chopera, Flores-Viti, Cordobes-«El Pipo», o más reciente, Arranz-Joselito, Palomares-Ponce, Lozano-Rincón, como ejemplos de que esos elementos han sido muy importantes para comprender también gran parte del éxito.
Hoy en día todo aquello que se apreciaba apenas se valora, y lo que realmente importan son los números y las cuantías, sin tener en cuenta lo que realmente le puede aportar a un torero. Ha desaparecido cierta profesionalidad y cierta ilusión por mantener el señorio, el equilibrio, la sabiduría que el apoderado otorgaba a su poderdante.
En la actualidad esa relación jurídica-laboral esta perfectamente delimitada en la RAE, con el concepto de apoderar; «Hacerse dueño de algo, ocuparlo, ponerlo bajo su poder», - con la añadidura siguiente que la complemente - «por una temporada taurina hasta que se ajusten las cuentas».
Por eso la acción de apoderar la pueden hacer muchas personas, pero la de apoderado, solamente los que tienen esos valores, que actualmente son muy pocos, para desgracia de la fiesta y de los aficionados, y de aquellos toreros, que teniendo cualidades para ser figuras carecen de un buena persona que los represente.

Foto: Archivo Perez@larcon. Publicada en la Revista Fiesta Española.(15/10/1968). Foto Arjona

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