Se despide el príncipe que nunca reinó, la naturalidad que nunca despertó, y la fragilidad del arte que apenas se quebró. «Pepeluis» ha sido, y será, la eterna ilusión de Sevilla para el aficionado, y esa misma cobertura es la que se citará el dia 8 de septiembre. Seremos eternos cómplices de la ilusión con un torero tan especial como «Pepeluis».
Si repasamos la carrera taurina del maestro de San Bernardo podemos observar que ha toreado poco, - un dato objetivo por otra parte muy esclarecedor de su ambición - pero cuando lo ha hecho siempre en aquellas plazas donde ha realizado el paseíllo se ha impregnado de algo relativo al misterio, a la profundidad y al anhelo de ver otra esencia de ver otra forma de lidiar y/o ejercer la suerte dentro de los cánones de la Tauromaquia. Es lo que ha cautivado al aficionado cuando ha visto a «Pepeluis». Y eso es lo llama la atención al aficionado.
A partir de la presentación del cartel, cuando se confirma su despedida - ¿será la definitiva? – todo el mundo del toreo tiene puesta su mirada en la localidad de Utrera, cuando dos toreros, singulares y geniales por naturaleza, hagan el paseíllo y desplieguen su magisterio con el capote, que como escribiese el poeta Rafael Alberti,
«El torero acompaña
con el capote al viento
el raudo movimiento
del toro fiel que pasa.
Es esta sinfonía
del capote, que suena,
¿a qué? He aquí el misterio...»
Como el citado poema, el misterio surgirá, o no, tras la realización del paseíllo en Utrera, en el que se despedirá a un torero con mucho arte, y con ese duende que solamente unos pocos están llamados a heredar. Eso es el misterio que todavía guardan algunos para que los aficionados acudamos a la plaza de toros para acompañar los vuelos de esos capotes y que la sinfonía suene a despedida por todo lo alto. Yo ya sueño....
Foto: Alvaro Pastor Torres (Sevillatoro.com)
No hay comentarios:
Publicar un comentario