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miércoles, 25 de enero de 2012

Contratar en tiempos revueltos

Es difícil comprender la situación que vive actualmente la fiesta de los toros, y concretamente los movimientos de los diferentes estamentos profesionales que viven de ella acerca de los derechos de imagen, y otras prerrogativas, que están haciendo mucho daño al mundo taurino.
No esta los tiempos para la lírica, y todos los problemas que existen en la actualidad pueden derivar en la nula promoción y difusión de una fiesta que va perdiendo adeptos y aficionados por motivos diversos, pero quizás uno de ellos, sea por la mala gestión de la fiesta que los empresarios y los profesionales han realizado durante los últimos años. Todos han ido por separado, con criterios individualistas y pensando en el «ombligo propio», lo que ha encrudecido el debate social sobre la fiesta, y los efectos pueden ser más perversos de lo que nos creemos.
Me preocupa este tiempo de espera, y sin movimientos en las incipientes ferias de 2012, significando la de Sevilla, donde se comenta que los empresarios de la calle Adriano no muestran su conformidad  para estampar la firma con la empresa de los derechos de imagen y con la plataforma televisiva propietaria, por el contrato suscrito con anterioridad, de los derechos audiovisuales.
La realidad es que existe un contrato con la entidad para distribuir la imagen de la televisión de la Feria de Abril, que de conformidad con lo previsto en el Código Civil, tienen la obligación de cumplir con lo pactado las partes firmantes; pero a su vez, para esta temporada se acciona otro derecho, vinculado a un contrato de trabajo profesional, en el que se obliga a la empresa, que contrata unos servicios de un determinado torero, al abono de un porcentaje por un derecho audiovisual o de imagen que cobra otra empresa a favor del trabajador contratado. Todo es rocambolesco, pero jurídicamente razonable, pero quizás ni es el momento ni son las formas adecuadas para plantearlo.
Sólo un detalle en este tipo de relación jurídica que va ligada al contrato de trabajo de los profesionales taurinos: ¿Se acuerdan ustedes de la discusión sobre la determinación de los precios en los contrato de los toreros?. La reiterada, y habitual practica de las partes interesadas, incluidos los ganaderos, para recoger en el contrato los emolumentos u honorarios a satisfacer por el empresario, viene amparadose por el vicio o defecto - que la jurisprudencia asocia como un elemento del contrato que no estaba perfectamente determinado y por lo tanto no se perfecciona la obligación de cumplir con lo pactado - de que el precio normalmente no consta en el documento contractual, y siempre se aparece la cláusula: «A convenir». Oscuro y revelador detalle, que alguien debe razonar para decirle a las partes «interesadas», que lo convenido y suscrito, debe ser puesto con cifras serias y razonables lo antes posible, y así evitar que la citada «conveniencia» de los honorarios y liquidaciones satisfechas sean lo más  parecido a una incierta e indeterminada cifra, y no suponga el baile de porcentajes que en los últimos días estamos oyendo. ¿Abuso «convenido»?. No lo sé, pero contratar en tiempos revueltos creo que es una tarea bastante ardua y complicada.

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