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domingo, 19 de febrero de 2012

Potaje de mansedumbre e invalidez en Utrera (Sevilla). Faena dulce de Morante

Espartaco con el capote
Con el tradicional «Festival de los Gitanos», organizado por la Hermandad del mismo nombre, la misma que cada año convoca el afamado «Potaje de Utrera», comienza la temporada taurina en la provincia de Sevilla. Mientras tanto los aficionados nos conformamos con este tipo de festivales, que como el de Utrera, la afición se lo pasa en grande, cuando la confección del cartel lo requiere. Lo que ocurre es que la presentación del ganado hay que cuidarla un poco, o al contrario, nos echaran a los aficionados de este tipo de espectáculos. A los organizadores, y sobre todo a los colaboradores, debería darle verguenza algunas cosas, porque no estan los tiempos para engañar a la gente. Estos detalles, aunque sea un festival, tambien hay que cuidarlos.
Al amigo Luís Garcia Caviedes le hubiera gustado asistir y disfrutar del evento tras su reciente jubilación como funcionario de carrera, pero la dichosa gripe le ha impedido asistir. ¡¡Tranquilo Luís, que tampoco te has perdido gran cosa.!!
Pepe Luis Vazquez
al natural

Con tres cuartos de plaza, lo que ha propiciado un éxito para los beneficios de la Hermandad de Utrera, se ha lidiado un encierro de distintas ganaderías, que han servido para demostrar que los saldos y rebajas en la ganadería brava se han liquidado esta tarde. De verguenza ajena, lo mismo que el supuesto homenaje y reconocimiento a Paula y Curro Romero, que brillo por su ausencia para el público asistente. Otro bochornoso ejemplo como ver a tan ilustres toreros, uno en un tendido de sombra y otro en un tendido de sol. Mala organización. Otra vez será dijeron algunos.

Juan A. Ruiz "Espartaco", lidio y dio muerte a un ejemplar de Lagunajanda, invalido de condición, donde demostro el oficio y clase que atesora, con salpicaduras del temple que siempre le caracterizó. Poco o nada pudo hacer ante un endeble animal, y con alguna brisquedad en su corta embestida. Saludó desde el tercio.


Aparicio al natural
 Pepe Luis Vazquez, le toco en suerte un animal de Hermanos Sampedro, falto de raza, y dibujo algún destello de corte artista pero sin las apreturas deseadas. Lo mejor vino con el capote, con dos verónicas con mucho sabor añejo. Con la muleta intentó ligar con esa naturalidad que siempre le definieron, y detalles sueltos al natural fueron suficientes para paladear su toreo. Con la espada muy mal. Silenciada su labor.

Julio Aparicio protagonizó el hecho lamentable de pedir el sobrero del toro de Algarra, al acreditar que tenía la vista desparramada. Algo tenía  de razón, pero tanto Julio como los subalternos acrecentaron las dudas. Con el sobrero de Espartaco, demostró gusto y empaque con el capote, y una ilusión enorme delante de la cara del novillo. Lastima que la invalidez del novillo no le permitiera mayor lucimiento. Con la espada francamente mal. Saludo desde el tercio.


Morante lo ha bordado con
el capote

Morante de la Puebla, lanceo al «gatito» de Nuñez del Cuvillo con unas verónicas mecidas y sentidas que levantó al público de sus asientos. El animal, justo de presentación, sirvió para que Morante se gustase toreando a la verónica, por chicuelinas, y con ese duende y sabor que gusta. Con la muleta fantaseo al natural, y puso el delirio en el redondel. Faena con esa naturalidad que sólo puede interpretar el diestro de La Puebla. Magia e ilusión que pusieron al público en pie. Lastima que la presencia del animal y la espada dejasen el premio en una oreja.

Fernando González


Con el de Murube, Cayetano estuvo discreto con el capote, y con dulzura con la muleta pero con la sensación de cierta inseguridad. El novillo flojo y sin raza terminó por aburrir al de la saga Rivera, que aguanto algunas tarascadas por no estar en su sitio.
Por último el novillero Fernando González, ante un añojo encastado de Albarreal, demostró que todavia le hace falta un poquito para luchar en el escalafón de novillero, pero ilusión y ganas no le perjudican para seguir adelante. Muy porfión por ambos pitones, y con ganas de agradar fue su mayor recompensa.


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