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martes, 21 de febrero de 2012

Ausencia de sentimiento en Utrera

Paula en un Tendido de Sol de la
plaza de Utrera, recibiendo un brindis
en el 6º de la tarde.
Es verdad que algunas veces los sentimientos te llegan a priorizar la presencia a una plaza de toros, no por el posible anuncio de unas «figuras», o de unos toreros modestos con una ganadería  «torista», sino simplemente por detalles o gestos en el cartel que invitan a que la gente se desplace al lugar para complementar lo principal y ver otros que nada tienen que ver con lo previsible en el ruedo.
Hay un porcentaje de personas que complementan eso, con otros detalles más o menos significativos. Y a esos detalles me quiero referir, cuando el domingo pasado me trasladé a Utrera - cuna del toro bravo - para presenciar un festival, con la ilusión que en el mismo se daba un reconocimiento a dos Maestros; singulares, únicos e irrepetibles: Curro Romero y Rafael de Paula. A la plaza íbamos por supuesto a presenciar  lo que deparaba la ilusión artística - de algunos - de los integrantes del cartel, pero también a dedicar nuestro modesto aplauso y sentimiento a dos personas que han derrochado su arte en el ruedo, y más concretamente en el pueblo del Mostachón, donde en un festival volvieron loco a más de uno. Pues bien las dos acciones que teníamos en mente, no se cumplieron. En mayor grado la primera, motivo por lo que se justifica este artículo, ya que no se puede permitir que tras el anuncio en carteles, y alusiones en peñas y tertulias, del reconocimiento a las figuras citadas,  se pasó al olvido del acto, y a la ausencia total de reconocimiento y aplausos del respetable, ni distinciones, ni placas conmemorativas, lo que provocaba el sonrojo del aficionado en el tendido ante la incredulidad de la situación. 
No se merecían Paula y Curro - Curro y Paula - el ocaso mediático en el Festival de los Gitanos, ni la mala organización del espectáculo, y que no se dirigiese un guiño hacía el aplauso cálido y sentimental hacia los diestros homenajeados por parte de algún torero actuante, que por estar anunciado y publicitado tenían todo el derecho de recibirlo. Ausencia total de sentimiento. 
Falto cariño organizativo hacia ese gesto, y sobraron los anuncios previos para organizarlo. Un singular detalle que no debe volver a suceder, porque tanta historia, alguna leyenda, mitos y arte son motivos suficientes para que Utrera hubiera reconocido a dos maestros de una manera ordenada y sencilla. 
No había motivos, o no se explicaron de formas correcta, para no tributar el reconocimiento que la gente estaba dispuesta a dedicar a D. Francisco Romero López y a D. Rafael Soto Moreno, personas que con su arte, gracia y duende han dedicado parte de su vida a ofrecer un estilo de tauromaquia diferente y añejo, y por todo ello merecían un trato especial, ya que muchas personas que de desplazaron a la plaza de la bellísima Utrera lo hicieron por el hecho de ver ese homenaje que le dedicaba el pueblo soberano. Ni la soberanía del pueblo pudo absorber esa ausencia del aplauso del olvido.

Foto: Perez@larcon 

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