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sábado, 10 de marzo de 2012

Acusar con dolo

Absurda e incomprensible acusación a través de blogueros y aficionados con comentarios ofensivos y ciertamente dolosos hacia la persona de Carlos Crivell, por un artículo de opinión, que con mayor o menor fortuna, ha despertado a la afición de Sevilla de la parada invernal. 
Al amigo Crivell, y en mi modesta impresión, se le ha insultado o faltado el respeto por escribir un artículo – de opinión señores, de opinión- que a lo mejor le ha faltado definir conceptos y términos de lo que él considera el término «aficionado», pero que en el fondo su artículo ha sido tan claro, - y en algunas partes del mismo comparto la misma idea - pero es su posición y hay que respetarla. Se han accionado los mecanismos de la acusación por personas, y blogueros, que precisamente algunos, tienen como nota elemental o virtud de su editorial, críticar de forma continua a Instituciones, personas, y empresarios con la única y «dolosa finalidad» de hacer daño sin fundamento y lógica alguna o « hacer leña del arbol caido» para destacar algo noticiable con simples lecturas o notas de prensa que provocan mucha indignación en el lector. Algunas veces con ataques tan constantes y firmes a personas tan honradas como señores, que caen en el absurdo y sonrojo de proclamar una «noticia» con una sinrazón que da vergüenza ajena. 
 ¿Eso es peridismo taurino o «basura informativa»?. Que cada uno piense lo que quiera. Esa forma de difunfir la tauromaquia por intereses ocultos y obedeciendo a causas personales no entran en mi decálogo de la educación, de la ética, y por supuesto de la razonable vocación de aficionado libre e independiente. Curiosamente para justificar ese ataque al Sr. Crivell, justifican su posición con un comentario del que suscribe estas palabras, para motivar la «tesís» de la equivocación del periodista, y con la finalidad y naturaleza de atacar con la misma inercia que lo hacen en sus páginas de internet. Acusar con dolo - en términos jurídicos, cuando se dirige contra el justo derecho de un tercero - no puede tener explicación lógica cuando se transcriben comentarios fuera de contexto, o con la instrumentalización de enturbiar el estado de opinión con acciones deontologicamente reprochables. No trato de justificar tanto comentario malévolo, o con la simple intención de hacer daño, pues quizás el sentido común me dice que en el término medio estaría la virtud. 
Todo «talibanismo mediático» hace que los cimientos de la estructura de la fiesta se vayan apagando, y como siempre los que amamos esta fiesta, con pasión y respeto, suframos las consecuencias. Yo no quiero este carrusel de «dimes y diretes», como tampoco los quiero para la gente que como Carlos, y otros tantos, que se han caracterizado por ser críticos libres e independientes, aunque no estemos de acuerdo algunas veces en su debate de opinión. Pero eso no lo califica para insultarlo u ofenderlo por sus artículos de opinión, y por actos y hechos del pasado, que nada tienen que ver con la reivindicación principal. 
Puede ser que Crivell se haya excedido, o no haya matizado con precisión su artículo, pero lo ha hecho con la educación, respeto, y profesionalidad que merece su trayectoria personal; ha creído y defendido su posición y postura sobre una cuestión - que incluso yo comente en su blog por no estar conforme - , pero siempre por los cauces y directrices de la palaba sensata y fria, y con la objetividad y sensibilidad que requiere toda conducta de un ser humano comprometido con algo, que en esencia, es lo que nos gusta a todos, como es difundir y promocionar la fiesta de los toros. 
No tratemos de judicializar al mensajero, y provoquemos que entre los aficionados nos encontremos con varios frentes abiertos por una cuestión tan estéril y sin fundamento como una determinada cola de abonados o para reivindicar la figura del aficionado en una charla taurina. Dejemos los debates entre personas, apliquemos el sentido común, y sobre todo, logremos del respeto y la educación, nuestra mejor bandera, nuestra mayor ilusión, y sobre todo luchemos por darle vida a la fiesta nacional, cada uno aportando su granito de arena, conforme a su noble y leal forma de entender esta encendida afición a los toros.
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