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miércoles, 18 de julio de 2012

El aficionado recupera la ilusión

Con lo que esta cayendo en todas las circunscripciones del entorno social, económico, político, etc., incluso en lo taurino, es importante destacar el nacimiento de una nueva ilusión. El pasado 12 de julio los aficionados asistimos a la presentación de un novillero en la Maestranza, - que venía con «buena nota» de sus recientes triunfos en plazas de menor entidad, pero le faltaba el «Master» de una plaza de 1º Categoría como Sevilla – que ha provocado el despertar de muchos aficionados tras lidiar y dar muerte a un ejemplar de Villamarta, y con el efecto de salir por la Puerta del Príncipe. 
Traigo a colación una frase del escritor argentino José Narosky – principal valedor de los aforismos – que expresaba: «Todos caminaron. Pero pocos dejaron huellas. . .», para significar lo que sintió el aficionado la noche del pasado 12 de julio. El novel «Lama de Gongora» interpretó el toreo de forma magistral, sublime en algunas ocasiones, sobre todo toreando con la mano izquierda, provocando una reacción positiva en la afición, algo que desde hace algunos años no acontencía por la orilla del Guadalquivir. 
Han pasado muchos novilleros por la Maestranza, y alguno con mucho talento y clase, pero la huella que ha dejado Lama (con una sola actuación no olvidemos esa perspectiva) no es comparable con ninguna otra que haya ocurrido recientemente. Cuenta los viejos del lugar que sintieron algo parecido cuando vieron el debú de un chaval llamado Francisco Romero López. La comparación es odiosa pero muy necesaria para explicar la similitud de ilusiones y contrastes que se dieron cita en la novillada de promoción del pasado jueves. 
Esa huella y/o poso que dejó en el aficionado es importante, atractiva y vital para el engranaje propio de la fiesta de los toros. Bendito sea ese triunfo del novillero para la nueva camada de chavales jóvenes que presenciaron y disfrutaron con la actuación de Francisco Lama. Esa chavalería que salía escoltando al joven novillero por las calles del centro de Sevilla era el símbolo que la fiesta necesita. Esa juventud es la afición del futuro, y la que debe tirar del carro en años venideros. Su afición tal vez empezó un 12 de julio de 2012, y eso lo recordaran toda la vida, como yo recuerdo cuando mi padre me llevó por primera vez, con apenas cumplidos los 4 años de edad a presenciar una corrida de toros, de lo que sólo recuerdo las fotos del momento, pero en mi memoria está esa fecha como referente del nacimiento de una ilusión. 
Como aficionado he renovado la ilusión con este nuevo valor que se llama Francisco Lama, y que se anuncia como «Lama de Gongora», en el se depositan muchas esperanzas, tantas como virtudes se le aprecian para ser alguien en la fiesta del futuro. Le queda mucho camino por recorrer – aquél que diga lo contrario miente – pero sé esta asfaltando un camino con bastante porvenir, y eso siempre es bueno para Sevilla....y para la fiesta de los toros. Motivado por esa ilusión, me encomiendo a quien sea para que continúe por mucho tiempo, y no la perdamos nunca.

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