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miércoles, 13 de febrero de 2013

La ILP por encima de la clase política

Ayer se debatió en el Congreso de los Diputados la tan sonora y mediatica proposición de ley para la regulación de la fiesta de los toros como bien de interés cultural, y tal y como se suponía, la votación mayoritaria del partido del Gobierno, permitió que dicha proposición obtuviese el resultado deseado para su tramitación, para alegría y satisfacción de todos los que nos consideramos aficionados a la fiesta nacional. Hasta este punto todo correcto. 
Repasando el Diario de Sesiones del Congreso, de fecha 12 de febrero, desde la página 4 a la marcada como 18, puede el lector, aficionado o no a los toros, comprobar que las distintas interpelaciones y razonamientos de sus Señorías pueden provocar situaciones de sonrojo nacional. 
Mi conclusión sobre lo leído es que ninguno de los ponentes estuvo a la altura deseada, aunque algunas veces el Sr. Cantó demostró que venía con las ideas algo más despejadas sobre el tema. Sus motivaciones tuvieron algo de criterio cuando afirmó que tenía la sensación de que a los políticos el sector taurino «en realidad les importa bien poco» o como increpó a los representantes catalanes diciendo una reflexión demoledora: «Sigo esperando, eso si, que me expliquen la diferencia entre los que les pasa a los animales d’els bous al carrer y en la plaza durante la lidia. me gustaría que algún día me lo aclaré porque no entiendo su postura al respecto». ¡¡En toda la yema!! 
Pero, ¿Podemos estar contentos porque un Sr. Diputado, haya dicho lo que muchos pensabamos hace años?. ¿Es justo concederle ese mérito a nuestra clase política?. La respuesta no puede ser más pesimista. Debo advertirles que tras leerme todas las intervenciones de todos los Grupos Parlamentarios mi desilusión es tremenda. Es preocupante tal afirmación porque veo que el representante del PP, y Portavoz de la Comisión de Cultura, más que una defensa ultranza de la fiesta, con números, estudios, y estadísticas, - que las hay, sino que se lo pregunten a algún profesor universitario; ¿te han preguntado Juan Medina? -, y con engranajes legales suficientes para su declaración, enfocó su defensa como si fuese una ponencia en el Club Siglo XXI sobre la fiesta de los toros. Oiga para hacer eso Sr. Albendea, no hace falta subirse al atril del hemiciclo. Su limitada y cultural intervención es válida para otros escenarios. Ocasión perdida para lucirse.
Sobre los demás defensores o detractores de la proposición, mi más sentido pésame a todos y todas porque la ignorancia de unos, la demagogía del Sr. Bosch, al referirse que el Gobierno torea a la gente dando apoyo a la «ILP para gastar más dinero en festjos sádicos y rechazando después una ILP para ayudar a la gente que se queda sin techo», o el simplismo simil del representante del PSOE, Sr. Torres Mora, con una frase de Juan Belmonte recogida del libro de Chaves Nogales, denota una falta de rigor técnico importante. Es francamente desolador ver el argumentario de nuestra clase política para discutir sobre una proposición de ley sobre la fiesta de los toros, y que ningún partido quiera exponer de forma realista, objetiva y sincera los efectos medioambientales, productivos y económicos que genera la fiesta de los toros, como Bien de Interés Cultural. 
Ningún Diputado y Diputada genero confianza al aficionado, y eso me preocupa. Argumentos variados y sin sentido y sin entrar en el fondo del asunto. El Sr. Bosch expresó, - sin que nadie, ni el Sr. Albendea, contestase con argumentos a contrario -, que con «el dinero público que se gastan en toros podríamos salvar de la miseria a 5.000 familias desahuciadas, construir quinientas guarderías, doce hospitales», lo que me parece sorprendente que en sede parlamentaria se insulte y difame al pueblo soberano con datos que no se ajustan a la realidad. 
Para terminar les daría a todos los Diputados y Diputadas un humilde consejo: que con el dinero que se gastan sus Señorías en acudir a las Cortes a legislar, a comer, a “politiquear”, podrían dedicar parte de su sueldo – de dinero público por supuesto – a estudiar, formarse sobre la materia taurina, con argumentos sólidos y razonados para no quedar en ridículo ante miles de españoles, y sobre todo con el objetivo de justificar los honorarios que todos los españoles de buena fe les pagamos.
 
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