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miércoles, 29 de febrero de 2012

La desnaturalización de la fiesta

Poco o mucho se puede reflexionar sobre la cuestión televisiva en la materia taurina, depende principalmente de que el emisor o canalizador de la imagen sea un ente público o privado. Es primordial para el aficionado intentar conciliar posturas sobre lo que televisión aporta como elemento difusor de la imagen de un espectáculo tan maravilloso como fácilmente ilustrativo de que con esa proyección se puede concluir que algo esta fallando. 
Enfoquemos el tema en los entes públicos, y limitándonos a observar los programas taurinos podemos destacar, en el caso de Andalucía, que la retransmisión taurina de un espectáculo taurino es un ejemplo de que el sistema de promocionar y difundir algún valor esta lo suficientemente lejos de la realidad sensorial objetiva que puede tener una persona mínimamente aficionado a la fiesta de los toros. No se puede discutir la voluntad de otros programas de actualidad taurina en la cadena pública andaluza que contribuyen, en mayor o menor medida, a difundir, trasmitir, o enseñar unos valores sobre la fiesta que pueden favorecer la formación del espectador o eventual cliente de dicha programación.  Pero la retransmisiones de los espectáculos taurinos difieren del fenomeno anterior.
Pero eso son otras causas, y por supuesto otros efectos. Mi preocupación es que una cadena pública ofrezca una retransmisión de un espectáculo taurino en una determinada localidad, con un cartel propicio para que los asistentes o destinatarios tengan el acartelamiento con la publicidad «Imserso», y se muestre una imagen de la fiesta más decadente, rancia y pueblerina, y con alicientes tan poco significantes que presenciar unos animales sospechosos de pitones, pobres de presencia, y con un abuelo, un hijo y un nieto como artistas invitados al lamentable espectáculo. 
Integrantes activos del G-10, responsables de la ausente Mesa del Toro, empresarios taurinos de vocación, y por devoción, profesionales, y demás personal «subalterno»; ¿Por qué no se fijan en esos detalles, en esas retransmisiones taurinas de «medio pelo», que provocan el sonrojo del vulgar, y sufridor aficionado, como el que suscribe este humilde artículo, y se dejan de sus «cuitas internas»?.
Es prioritario, y esencial, que desaparezcan de las televisiones Públicas, y por ende, de sus programaciones todas aquellas producciones en plazas de 3º categoría, y algunas de 2º, que ofrezcan imágenes de espectáculos poco deseables, y con «artistas» que no ofrecen ningún interés no sólo al aficionado, sino al público en general, ya que es más triste observar que la plaza o recinto esta cubierta de cemento y no de vivaces espectadores. ¿Ese es ele efecto deseado para la imagen de la fiesta?
La degradación del espectáculo taurino televisivo, por culpa de un sector que no cuida esos detalles, y de la poca o nula sensibilidad para apreciar el daño que se causa por ello, por parte de los rectores de los entes públicos que permiten esa realización, hace que el aficionado no contribuya al «share público», y que ese contenido sea el devastador ejemplo de que en el futuro tengamos una cantera de aficionados repletos de dudas y lagunas, al ser víctimas de unos comentarios e imágenes que desnaturalizan la imagen real de la fiesta de los toros.
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