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miércoles, 8 de febrero de 2012

Ocaso de una feria abstracta

Se cumplen los pronósticos, - y los malos augurios diría yo – por la no celebración de la Feria Mundial del Toro en Sevilla, y todo se queda en el «olvido anual» de los promotores al expresar que la situación económica de la «res pública», y la falta de inversión privada, impiden que se celebre el citado evento.
Era lógico pensar que, con lo que esta cayendo, y con las necesidades sociales públicas que hacen falta para miles de familias, - no sólo sevillanas, sino andaluzas y españolas -, que la gobernanza municipal hispalense, con sentido común y rigor, haya dejado “aparcado” el proyecto de la Feria Mundial del Toro, para otro año más próspero. ¿2013?....o 2014, si para ello ganamos en una estructura organizativa con criterio, y con alguna intención novedosa en su programa. 
De lo contrario Señores organizadores, ni se molesten, ni simpaticen con su instalación porque con esos planteamientos la feria adolece de razones para que la gente acuda. Mejor olvidarse del tema.
Lo que nació para promocionar y difundir los valores esenciales del toro, y su entorno, se convirtió en un marketing profesional de unos indicadores opuestos a lo que debe ser una feria profesional, y todo ello con tintes auspiciados, y consentidos, por Autoridades, Administración y por los sectores taurinos más relevantes.
Hubiera sido un buen momento, - ahora que vivimos los ataques más feroces contra la tauromaquia - para que el «grupo de imagen», y aquellos que comparten «fundaciones» con «taurinos», para fines de promoción de la fiesta, hubieran puesto su granito de albero para celebrar, aunque fuese un día, la feria con este hipotético contenido: «2012: Feria del Toro: revisión de estructura y de conceptos». Y nada de «copitas» y «salero», sino mucho trabajo, con actuaciones relativas al toro bravo e íntegro, a la defensa al aficionado, y a la protección legal de la tauromaquia. Y repito, todo ello añadido con el aplauso y bendición de los sectores taurinos profesionales.
Por eso no me lamento que en Sevilla no se celebre, por tercer año consecutivo, la Feria del Toro, y no sólo por la obviedad de la realidad económica y los criterios de austeridad y eficiencia que debe pregonar todo gestor público en la actualidad para la actividad de fomento, sino por lo superfluo, abstracto e improductivo del modelo que ha estado vigente durante años.

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