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jueves, 12 de abril de 2012

La presunta indolencia del premiado

Es digno y justo resaltar un hecho que me ha llamado poderosamente la atención, y es aquella que se refiere a la absoluta indolencia del matador de toros José María Manzanares para no estar presente en la recogida de premios, distinciones u honores que se le  han concedido en la ciudad de Sevilla esta semana. Numerosos actos, que tienen la tónica general de que el premiado o persona agasajada por el citado reconocimiento no tiene el gesto de recibirlo personalmente y delega en la persona de su confianza. 
En estos momentos que vive la fiesta – no me canso de repetirlo, malos momentos – era necesario que una figura del toreo como Manzanares, y en Sevilla, - en esa ciudad donde se le quiere, se le aprecia, y donde los posibles defectos se convierten en virtudes y parabienes para el torero de Alicante -, demostrase y echase la pata p´lante para reivindicar no sólo su presencia, sino la amabilidad, cortesía y disposición y deferencia con los jurados y empresas – en algunos casos con actos organizados con el esfuerzo de grandes aficionados al toro, y por solventes empresas del sector financiero y por sociedades del tejido productivo de la ciudad – que le han reconocido como triunfador la temporada pasada. 
Pero quizás la cuestión principal y  de importancia para el que suscribe este artículo es que su presencia a los actos debe ser proporcional al respeto y condición de sus compañeros premiados, que como Carlos Herrera, - persona de categoría contrastada - no ponen reparos para estar presente en los pasados «Premios Pepe Luis Vazquez», que de forma anual convoca la Caja Rural del Sur, y que sirve para presentar el libro «Maestranza 2011» de Carlos Crivell.
Debe percatarse el entorno de Manzanares, o el propio matador, del inapropiado detalle de no asistir, y de la inoportuna acción aversiva que produce a la afición taurina el no acercarse a la orilla del Guadalquivir – como la simbología e importancia de su indulto el año pasado – porque primero hay que sembrar para luego recoger el cariño otorgado en esos premios. 
Esa presunta indolencia puede provocar malestar en aquellas personas que con tanto orgullo, con tanta pasión y denostado esfuerzo se sacrifican para organizar unos actos en donde la presencia de una figura del toreo supone un hito o una ilusión complementaria para que aquello tenga la categoría que merece el premiado y el premio en sí, ya que la ciudad de Sevilla, ni cualquier otra, por tradición y categoría no se merecen la ausencia de una figura del toreo. Espero que su ausencia o su indolencia se deba a una causa justificada, - la cual desconozco – por el bien de la figura que representa el diestro levantino, y por la categoría de los jurados que han sido testigos de la significada «espantá» de José María Manzanares.

Foto: Sevillatoro.com
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