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lunes, 20 de mayo de 2013

Adiós a la naturalidad de Sevilla

Ayer por la tarde-noche en las redes sociales se difundía muy rápido la noticia de la muerte de Pepe Luis Vázquez Garcés, un torero único y singular, esencia del más puro estilo sevillano, y quizás el torero más importante del siglo pasado. Son muchas las fotografiás y videos los que nuestra generación han visionado para certificar los valores de su enorme tauromaquia. Naturalidad, sencillez, torería, majestuoso, elegancia, pinturero, gracioso, etc...son muchos de los adjetivos con carga de valor que describen la personalidad de este torero. Y era así; su toreo era una mezcla entre lo divino y lo humano, entre el valor y el miedo, entre la sencillez o el barroco, y a nadie dejaba indiferente incluso sus tardes menos triunfales, porque todo sea dicho, tampoco era un torero de grandes broncas. Hasta para eso Pepe Luis era discreto.
Independiente y sin alardes de ningún tipo, ha trasmitido a los aficionados un ejemplo de señorio, de saber estar, y de no molestar. Hombre prudente, tímido y de pocas, pero sentidas palabras. Supo estar en torero toda su vida, pero sin tener ningun gesto desagradable con nadie. En su última entrevista concedida al crítico taurino Carlos Crivell, el pasado mes de noviembre de 2012, el torero de San Bernardo definía con más exactitud la esencia del arte de torear, en definitiva, su toreo: «La pureza y naturalidad son la base del toreo». Y Pepe Luis reflejó su concepto en base a esos dos valores. Y triunfó. 
La mejor herencia que nos puede dejar el Sócrates de San Bernardo es transmitir esos valores a las futuras generaciones, para que fomenten y difundan el legado artístico que Pepe Luis ha dejado tras su fallecimiento. La pureza, la sensibilidad, la templanza, y la difícil naturalidad se pudo apreciar en una tarde en Valladolid, el día 18 de septiembre de 1951, a un toro de la ganadería de Villagodio, y en la que puede considerarse – por el propio diestro – la mejor faena que resume su tauromaquia. Según le confesaba en una entrevista al Catedrático Andres Amorós, cuando finalizó la lidia y muerte de ese toro, se preguntó: «¿Dónde estoy yo?», así que nos podemos imaginar como pudo ser la faena para el diestro de San Bernardo. Pero hubo muchas más...Madrid, Aranjuez – La del Concierto - ...y Sevilla, donde durante muchos años, su cartel estaba rematando la feria con la tradicional corrida de Miura, la que nunca rechazó, y que gustaba lidiar en su ciudad y fuera de ella. Todo un ejemplo. 
Pero existe una última reflexión que quizás acredite su enorme afición, cuando se le preguntaba por la recuperación de la  la emoción en los toros, y el Maestro Pepe Luis Vázquez lo tenía muy claro: «Que el toro se mueva y que el torero se ponga en el sitio»
Hoy la ciudad de Sevilla, y los aficionados le rendiremos nuestro homenaje, nuestro tributo, a un torero irrepetible, que tuvo la capacidad de entender la naturalidad como herramienta fundamental para concebir su propio estilo en el complejo arte de la Tauromaquia.
D.E.P.
 
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